Los limites del humor (vertical)

De todos mis ascensos, el último fue el más rápido. Carrero Blanco (Tip y Coll, Typicollorgía, Circulo de Lectores 1983)

Hay una relación directa entre crueldad y humor, los chistes crueles con alguien siempre han tenido buena acogida, desde Arevalo (con chistes de escasa calidad sobre homosexuales y gangosos) pasando por aquel monumento que fue "Mi marido me pega" que hizo Martes y Trece y del que no paran de arrepentirse y pedir perdón ahora que de repente todos nos hemos dado cuenta que no tiene gracia reírse de las mujeres maltratadas.

Lo cierto es que si, a la gente la hace gracia, como varios youtubers han demostrado el público quiere chistes machistas, crueles con los débiles, racistas, chistes sobre judíos y nazis, sobre enfermos mentales, o simplemente ponernos de acuerdo para hacer chistes todos riéndonos de los habitantes del mismo pueblo (Se os quiere Leperos, ojala ya hubiera internet allí para poder leerme).

Los chistes sobre terrorismo y víctimas del terrorismo son una variante, al oír un chiste cruel el receptor tiene una sensación de culpa que "enaltece" la poca gracia que tenga el chiste, es mucho más fácil hacer "humor" con Carrero Blanco, Miguel Ángel Blanco o Irene Villa que con una persona anónima. Además son personas famosas y facilitan poner un contexto a un chiste corto, nadie hace chistes sobre las víctimas de la plaza de República Dominicana o el 11M porque esas personas son (afortunadamente para su memoria) anónimas para el gran público.

Hay una variante del humor cruel, que es disfrazar de humor la crueldad. Entiendo que eso es lo que pretende perseguir la ley, gente que pueda enmascarar como chistes sus comentarios donde esté dando apoyo en mayor o menor medida a los atentados. En algún caso no apoyan "el atentado en si", es decir, no apoyan matar a nadie pero quieren demostrar cercanía en los objetivos o ideas detrás del mismo, son el mismo tipo de gente que no le pega a su mujer pero le parece bien que otro pegue a la suya, que algo habrá hecho.

Me decía alguien (cuya opinión respeto aunque él no se lo crea) un día discutiendo sobre esto que perseguir decir estupideces es innecesario porque ninguna civilización ha caído porque alguien diga tonterías en el sitio que sea. Seguramente tiene razón y no es necesario perseguir los chistes sean crueles o no, debería ser suficiente con una "condena social" y admitir que en ciertos ambientes se digan cosas que no nos gustan, tampoco vamos a poder evitarlo.

Bajando al tema en debate con los casos más famosos, tenemos los casos de Guillermo Zapata, los titiriteros, Pablo Hasel, César Strawberry y Cassandra que es una murciana anónima de 21 años. En todos ellos por algún motivo el sistema judicial ha determinado que podían considerarse delito sus actos. Los casos son bastante diferentes entre si pese a una aparente similitud.

Hasel y Strawberry son personas conocidas con una audiencia amplia y Zapata es un político (no lo era cuando el tweet), les podemos cargar con el marrón de ser objeto de mayor escrutinio público, aunque la reiteración en el caso de Zapata fue absurda, los dos últimos además han sido absueltos como era obvio que pasaría, Hasel en es un caso especial, porque su caso si tiene mucha más pinta de ser enaltecimiento por reiterado y porque está deseando ir a la cárcel por un tema parecido. Me parece bien que el estado haga lo posible porque cada ciudadano alcance sus objetivos en la vida y le meta por fin en un calabozo. Además, Pablo Hasel me cae mal, y no soy buena persona, me gusta que los que me caen mal sufran haya motivo que lo justifique o no.

El caso de Cassandra sin embargo carece de sentido, escoger a alguien anónimo entre muchos como objeto de escrutinio judicial en un país donde ser parte de un juicio es un castigo bíblico digno del Santo Job ("Pleítos tengas y los ganes" ya dice el refranero patrio), siendo un proceso costoso cuyas consecuencias causan terror en un ciudadano normal al que ir a la cárcel una sola semana se le hace un castigo inasumible es algo que el "sistema" no debería permitir que haga un funcionario público (no se si esto es culpa de un policía, de un fiscal o de un juez, o de todos ellos), porque pasar por el proceso judicial es un castigo por si solo y es bastante obvio que los tweets de esta chica son irrelevantes y siendo irrelevante uno no puede producir consecuencias sociales, de modo que la justicia no debería intervenir.

He dejado para el final a los titiriteros (si ha llegado hasta aquí leyendo se lo agradezco, deje un comentario para saber cuantos héroes quedan en el mundo) porque es el que mejor ilustra lo que realmente creo que es importante. No, no son los chistes sobre Carrero ni el respeto a las víctimas del terrorismo.

Los titiriteros estuvieron una semana en la cárcel con medidas excepcionales, pero es obvio que no fue por un cartel en un montaje con guiñoles, tiene todo el aspecto de que los titiriteros acabaron allí porque en vez de decirle al juez "Nunca hemos tenido animo de molestar señoría" le vinieron a decir "Si, pone viva Al Queda y ETA y hemos matado a un juez en la obra porque creo que me ampara la libertad de expresión para hacerlo, ¿pasa algo?" y los magistrados en este país consideran que a ellos nadie se les pone chulos en la sala. Prueba de ello es que cuando los titiriteros volvieron asesorados por un abogado para ser dóciles y serviles con la misma pancarta y la misma obra salieron a la calle y han sido absueltos. Se ve que el peligro social decae cuando le haces reverencias al tribunal.

Igual que un funcionario público (policía, fiscal, juez) ha considerado que Cassandra le cae mal y que él tiene el poder para hacer que pague por su ideología.

Cuando Elpidio Silva o Baltasar Garzón se extralimitaron en el uso de su poder como jueces obtuvieron la inhabilitación, ¿alguien sabe que consecuencias ha tenido el exceso del juez de los titiriteros, el fiscal de Zapata haciéndole ir a lo mismo varias veces o el responsable del "caso Cassandra"?

Parece obvio que la ley y el sistema ampara castigar excesos judiciales, y parece obvio que en estos casos han existido, uno esperaría al menos abrir una investigación sobre los mismos.

¿Han tenido alguna consecuencia no solo el impacto personal en los acusados sino el derroche de medios públicos en castigos punitivos basados en una decisión subjetiva?

A lo mejor estos casos son útiles a largo plazo si abrimos el debate, porque si el sistema judicial y la ley amparan que uno responda por sus tweets espero que el uso injustificado del poder delegado en los funcionarios públicos también tenga algún tipo de consecuencia, algún día. Estoy dispuesto a responder de todos mis tweets en sede judicial a cambio.

Solo pido no compartir la celda con Pablo Hasel.

Será que no hay más presos señoría, no es preciso ensañarse.

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