Prohibamos el heliocentrismo, muera la ciencia.

Sobre el año 1600 se produjo uno de los casos más conocidos (creo) de lucha entre las pruebas científicas y las creencias aceptadas por ciertas élites con poder, en este caso Galielo Galilei contra la iglesia católica. El pobre Galileo era culpable de que sus mediciones indicasen con notable evidencia que la tierra giraba alrededor del sol, y lo peor, era culpable de decirlo y con ello crearle problemas a cierta gente con más poder que cabeza.
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Hoy en día también hay una moda social y sobre todo política entre cierto grupo de la izquierda europea que consiste sobre todo en ir contra la tecnología y los técnicos, la investigación y los avances. Un cierto tipo de ludismo, si es moderno es malo, y si requiere conocimiento científico es aún peor. Bajo un pretendido naturismo y retorno a valores olvidados se afirma que cultivar lechugas abonadas sabe dios con que es mejor que usar abonos químicos diseñados con el máximo uso de conocimiento, experimentación y tecnología posibles. Para esta izquierda la naturaleza y lo clásico tienen el mismo valor reverencial del dogma religioso en la edad media. No atienden a razones, ellos tienen la verdad, la opinión de un chalado vociferante pesa más que los estudios de un aburrido experto que aplica el método científico.

La medicina, un invento demoníaco

De un modo similar a cuando los curanderos oficiales quemaban en la edad media a los precursores de la medicina moderna, hoy se denigra el trabajo de los científicos. Las vacunas son inventos de las farmacéuticas, tanto las nuevas (que tratan enfermedades según ellos inexistentes, todo es un complot) como las antiguas, con una peligrosa moda de no vacunar a tus hijos, por lo visto uno se moría de sarampión hace unos siglos del modo más sano. Si un tratamiento está verificado por las autoridades de salud y fabricado por los mejores laboratorios del planeta es veneno, pero cualquier charlatán que vende botes de cristal cerrados con un corcho te proporciona bien medicina "antigua" y por ello mejor, o peor aún, "nuevas terapias" que se basan en teorías peregrinas como la memoria del agua (que da "base", por decir algo, a la homeopatía, la mayor vergüenza médica de este siglo) o las propiedades de los colores de ciertos cristales u olores. Ciertas suspicacias nacen del coste de los medicamentos y del supuesto beneficio ingente, pero es que investigar, desarrollar y producir medicinas es enormemente caro, como demuestra que solo se hace en el primer mundo.

Ocurre algo similar con la investigación con animales, cualquier investigador médico te dice que es fundamental aunque admita controlarla a los casos mínimos justificados, pero hay movimientos a favor de evitar que el perjuicio a las cobayas de laboratorio, independientemente de si eso puede salvar millones de vidas. Es curioso, sin embargo, que como la derecha religiosa ha tomado la lucha contra el uso de las células madre y la clonación entonces en la izquierda esto se afirme que no es problemático. Un reparto de papeles perfecto.

Alimentación, como en el siglo XII no se come hoy

No solo la medicina, donde el pánico a la enfermedad nos hace comportarnos como idiotas, sino la alimentación, a pesar de que podríamos llegar a decir que todos los vegetales que consumimos son transgénicos (ya que han sido manipulados de los originales silvestres para producir más, tener mejor sabor o ser más resistente) hay una corriente social y política considerable que pretende negar el uso de transgénicos en alimentación pese a su potencial beneficio para la humanidad pudiendo reducir (aún más) el hambre en el mundo o evitar plagas y hambrunas haciendo cosechas más resistentes.

Es evidente que todos queremos un control de la cadena alimentaria, pero la realidad es que las intoxicaciones se producen por malas prácticas en alimentos clásicos no se han producido los supuestos casos de crisis o desastres producidos por alimentos transgénicos. Se trata únicamente de un montón de gente que vocifera contra supuestas catástrofes tal como aquellos profetas del apocalipsis que amenazaban con desastres enviados por dios ante cualquier cambio en las costumbres de la población.

Hoy comemos mejores hortalizas y mucho más baratas por la mejora de los procesos de cultivo, y tenemos pescado a precios muy bajos gracias a las piscifactorias, pero aún así existe una corriente que sugiere que volver a los procedimientos del siglo XIX y su absoluta falta de productividad es positivo, la excusa oficial es que al producir la décima parte crearemos 10 veces más puestos de trabajo, y tendremos comida diez veces más cara. Supongo.

Esta corriente debe considerar que los investigadores y científicos son seres malvados que buscan la destrucción de la humanidad, o el dominio del capitalismo, albergo notables dudas que sea así, si bien todo invento puede ser utilizado para el mal, los investigadores médicos y alimentarios son mayormente gente que dedica su vida a intentar solucionar los problemas de la humanidad, para encontrarse cuando traen una solución con miradas de suspicacia y que la gente prefiere agua con azúcar a lo que ellos les dan.

Si, a mi también me da recelo Monsanto por sus políticas comerciales, el mismo que Google, pero su gestión es responsabilidad de los departamentos de competencia, no de legisladores al estilo del ministerio de magia de Harry Potter que solo persiguen evitar el uso de ciertas técnicas no sea que destruyan nuestra sociedad.

Ingenieros, cómplices del mal del capitalismo

Más allá, y se que más discutible se encuentran los ingenieros, en los años 80 se anunció el fin del petróleo y del gas con consecuencias apocalípticas mostradas en gran parte del cine de la época. Ante esa amenaza un sufrido montón de ingenieros investigó formas de seguir teniendo energía, una de ellas muy de moda es el fracking. Está técnica permite extraer (supuestamente) gas y petróleo a problemas. Pero dado su uso masivo en EEUU y que el país no está ardiendo entero es lógico pensar que hay casos donde no hay peligro y es más barato sostenible, conveniente y posiblemente menos peligroso que tener petroleros recorriendo nuestras costas.

A pesar de ello, en lugar de crear una comisión de expertos técnicos en como definir los parámetros que permitirían el uso del fracking con seguridad muchos colectivos se han lanzado a una negativa radical. Como si la extracción del petróleo que consumimos hoy fuera 100% segura, simplemente se niegan a los cambios, podemos extraer del modo que ya lo hacemos donde ya lo hacemos pero no de modos nuevos ni en lugares nuevos.

Imagino la cara de los inventores del fracking anunciando que creen haber conseguido una prorroga para la humanidad mientras mejoramos otras energías y ver que se les echa en cara querer destruir el planeta.

Otro ejemplo es como es sorprendente que quemar carbón tenga mejor fama que la energía nuclear, pese a que en agregado produce mucha más contaminación y el CO2 es hoy un problema mayor que todos los isotopos radioactivos emitidos juntos. Entiendo que el peligro de una central nuclear está muy concentrado y eso llama más la atención, pero hay también un "miedo tecnológico". No tememos más al carbón porque lleva ahí más tiempo. Pese a ello han muerto y mueren muchos más mineros que empleados de centrales nucleares, lo mismo que el CO2 emitido es más dañino que la suma de los incidentes nucleares juntos.

Podría continuar con más ejemplos como la negativa construir presas y pantanos, la negativa a desarrollar ferrocarriles de alta velocidad, los que hay siempre son más que suficientes, nunca hay justificación para más que no sea el consumismo innecesario, da igual que reemplaces aviones o coches que generan CO2 por trenes eléctricos, una locomotora diésel a 80 kmh es bien, una línea eléctrica a 200 kmh es mal. El 10% del consumo de derivados del petróleo son los aviones, pero lo malo de verdad son las nuevas vías de tren si son de alta velocidad. Los diseñadores de trazados ferroviarios según algunos son tipos que odian toda vida animal, vegetal o todo estupendo paisaje.

Me parece positivo que se pongan controles a la tecnología y a su uso, pero sería mucho más conveniente que estas cuestiones se discutieran en el terreno del conocimiento y no por políticos y/o desconocedores de las materias de turno. Sobre todo cuando, en un contexto de globalización económica como el actual, posponer el uso de la tecnología produce perjuicios económicos en el corto y medio plazo a nuestras sociedades contra aquellas que se dejan dirigir desde la experiencia empírica y no los miedos a lo desconocido, la memoria mágica de un tiempo pasado idílico que no existió y al arcaismo social.

Supongo que es mucho pedir que antes de legislar sobre ciertos temas evidentemente técnicos y de comprensión compleja se delegue la opinión sobre alternativas en los que tienen el conocimiento para ello, y lo que no se respalde desde el conocimiento no se tenga en cuenta en el discurso político. Para algunos, hacer política es precisamente meter sus patazas en las áreas de conocimiento aplicado para rectificar la realidad hasta que cuadre con sus prejuicios.

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2 pensamientos en “Prohibamos el heliocentrismo, muera la ciencia.

  1. Paula

    Mi tío abuelo contaba siempre, muerto de risa, comos su abuelo -el cacique del pueblo- se enorgullecía de haber impedido que les pusieran la estación del tren. Hoy el pueblo de al lado, donde fue la estación, es muy importante y la dichosa aldea que había que proteger tendrá 20 habitantes, si los tiene, en verano…
    Lo más divertido de los “recuperadores de lo natural” es que se sienten muy modernos, pero sus ideas son más viejas que el hilo negro, es un “no” a todo lo que cambie su pequeño mundo. La gran putada es que consiguen imponer muchas de ellas convenciendo a la gente a base de miedo (la homeopatía es otra cosa, pura selección natural); que los magufos piensen lo que quieran, pero que no lo llamen progreso y, sobre todo, que no nos lo impongan a los demás; me caen muchos más simpáticos los que creen que rezando arreglan algo que los que dicen que vacunar es malo, a eso hemos llegado con tanta tontería.

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  2. Bea Ochera

    Reblogueó esto en Sin brújula y sin mapay comentado:
    “Supongo que es mucho pedir que antes de legislar sobre ciertos temas evidentemente técnicos y de comprensión compleja se delegue la opinión sobre alternativas en los que tienen el conocimiento para ello, y lo que no se respalde desde el conocimiento no se tenga en cuenta en el discurso político. Para algunos, hacer política es precisamente meter sus patazas en las áreas de conocimiento aplicado para rectificar la realidad hasta que cuadre con sus prejuicios.”

    Un gran post de @fr_carrillo

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